HAMBRE · ENERGÍA · METABOLISMO
¿Estás cansada,
o tienes hambre? Quizá las dos cosas
Hay días en los que llegas a media tarde y parece que se abre un agujero negro en tu cocina. Has comido hace relativamente poco, pero necesitas algo. Preferiblemente dulce, crujiente o ambas cosas a la vez.
Intentas convencerte de que no tienes hambre, bebes agua, te preparas una infusión, comes cuatro almendras con una dignidad admirable y, veinte minutos después, estás buscando chocolate.
Y entonces aparece la conclusión habitual: "No tengo fuerza de voluntad." Pero quizá estamos intentando solucionar desde la voluntad algo que tiene bastante más que ver con la fisiología. Porque muchas veces estar cansada da hambre.
Tu cerebro necesita energía y se preocupa bastante por conseguirla
Nuestro organismo dispone de sistemas muy sofisticados para regular cuándo necesitamos comer y cuándo tenemos suficiente energía. En ellos participan el cerebro, el aparato digestivo, el tejido adiposo, el páncreas y diferentes hormonas y señales metabólicas.
Por eso el hambre no depende únicamente de tener el estómago vacío. El cerebro integra continuamente información sobre nuestro estado energético, lo que hemos comido, cuánto llevamos sin comer, cuánto hemos dormido, nuestra actividad física y muchas otras variables.
Y cuando llevamos varios días durmiendo poco, comiendo de manera insuficiente, entrenando sin recuperar o simplemente intentando llegar a todo con las reservas bajo mínimos, pretender solucionar el hambre únicamente con fuerza de voluntad suele ser una estrategia bastante mediocre.
El cuerpo no sabe que quieres llegar estupenda al viernes. Sabe que necesita energía.
Dormir poco cambia nuestra forma de comer
Esto se ve especialmente bien con el sueño. Después de una mala noche no solo estamos cansadas y de peor humor. Dormir poco puede modificar las señales relacionadas con el hambre y la saciedad, empeorar temporalmente nuestra respuesta a la glucosa y aumentar la atracción por alimentos más energéticos y gratificantes.
Y además ocurre algo mucho menos sofisticado pero bastante importante: cuando estás agotada tomas decisiones diferentes.
Te mueves menos, cocinar te parece una actividad olímpica y el brócoli pierde claramente la batalla frente a cualquier cosa que venga dentro de un envoltorio. Un día así no tiene ninguna importancia. El problema aparece cuando deja de ser un día y se convierte en nuestra forma habitual de funcionar.
El problema puede empezar mucho antes de las seis de la tarde
A veces me cuentan en consulta que el gran problema es "el picoteo de la tarde". Pero cuando empezamos a mirar el día completo encontramos un café desayunado de pie, una comida pequeña porque estamos intentando adelgazar y cinco o seis horas después un organismo que, sorprendentemente, quiere comer. Quizá el problema no empezó cuando abriste el armario buscando chocolate. Quizá empezó cuando llevabas medio día intentando funcionar con muy poca energía.
Por eso una alimentación que nos ayude a mantener una buena saciedad no consiste únicamente en evitar azúcar. Importa que nuestras comidas tengan suficiente energía y que incluyan proteína, grasas, fibra y alimentos que nos permitan mantenernos razonablemente satisfechas. Comer mejor no debería convertirse en un ejercicio permanente de contención.
Y aquí también entra el metabolismo
Cuando hablamos de metabolismo solemos pensar exclusivamente en adelgazar o engordar, pero metabolismo significa algo bastante más interesante: cómo obtiene, transforma, almacena y utiliza energía nuestro organismo.
La glucosa que circula por nuestra sangre, la insulina, el glucógeno almacenado, el tejido adiposo, el hígado y el músculo forman parte de ese sistema. Y precisamente el músculo tiene un papel especialmente interesante porque es uno de los grandes tejidos encargados de utilizar glucosa. Mantener masa muscular y utilizarla mediante movimiento y entrenamiento de fuerza contribuye a nuestra salud metabólica.
Por eso mejorar el metabolismo no consiste en encontrar un suplemento que "lo active". Implica dormir, movernos, construir músculo, alimentarnos adecuadamente y conseguir que nuestro organismo gestione bien la energía que recibe. Mucho menos espectacular que un quemagrasas. Bastante más útil.
¿Y qué tiene que ver todo esto con estar hinchada?
Más de lo que parece. Porque cuando estamos cansadas y comemos de manera desordenada es fácil llegar a determinadas comidas con muchísimo hambre, comer más rápido, masticar menos o hacer comidas mucho más abundantes. Y un aparato digestivo que recibe de golpe una gran cantidad de comida tiene más trabajo que hacer.
Si además dormimos mal, estamos estreñidas, nos movemos poco o atravesamos una etapa de cambios hormonales, podemos encontrarnos con esa combinación tan frecuente de cansancio, hambre, digestiones peores y sensación de hinchazón. Y entonces intentamos solucionar cada cosa por separado: para la hinchazón, quitamos alimentos. Para el peso, comemos menos. Para el cansancio, añadimos café. Para el hambre, intentamos controlarnos. Y quizá necesitamos mirar el conjunto.
No todo se arregla comiendo menos
Esta idea me parece especialmente importante en mujeres que llevan años intentando controlar su cuerpo a base de restricción.
Si cada vez que aumenta el peso, aparece hinchazón o sentimos que hemos perdido el control con la comida respondemos reduciendo todavía más lo que comemos, podemos entrar en un círculo bastante poco productivo: menos energía, peor recuperación, más hambre, menos ganas de movernos y una relación cada vez más complicada con la alimentación.
A veces necesitamos ajustar cantidades, por supuesto. Pero comer menos no es automáticamente comer mejor, y tener más hambre no significa necesariamente tener menos voluntad. Quizá tu cuerpo está intentando darte información.
Deshincharse también es recuperar energía
Esta es una de las razones por las que Método Deshínchate no es simplemente un curso de alimentación para la hinchazón.
Vamos a hablar de digestión y microbiota, pero también de metabolismo, hormonas, inflamación, cerebro y sistema nervioso, sueño, alimentación y movimiento. Porque el cuerpo que digiere es el mismo que duerme, utiliza glucosa, fabrica músculo, responde al estrés y regula el hambre.
Después llevaremos todo ese conocimiento a la práctica con El Plan Deshínchate, un recorrido de seis semanas para empezar a trabajar sobre esas diferentes piezas sin convertir tu alimentación en una colección de prohibiciones.
Si llevas tiempo intentando solucionar por separado la hinchazón, el cansancio, el hambre o esos cambios en tu cuerpo que no terminas de entender, quizá no necesitas controlarte todavía más.
Quizá necesitas empezar a entender qué te está pidiendo tu cuerpo y por qué.
EMPEZAMOS MAÑANA · 1 DE OCTUBRE
Método Deshínchate abre sus puertas
Método Deshínchate no es simplemente un curso de alimentación para la hinchazón. Trabajamos digestión y microbiota, pero también metabolismo, hormonas, inflamación, cerebro y sistema nervioso, sueño, alimentación y movimiento. Porque el cuerpo que digiere es el mismo que duerme, utiliza glucosa, fabrica músculo, responde al estrés y regula el hambre. Y todo ese conocimiento se lleva a la práctica con El Plan Deshínchate: seis semanas para trabajar sobre esas piezas sin convertir tu alimentación en una colección de prohibiciones.
El curso abre mañana, 1 de octubre.
Preguntas frecuentes
¿Por qué me entra tanta hambre por la tarde aunque haya comido?
El hambre no depende solo de tener el estómago vacío. El cerebro integra continuamente información sobre tu estado energético: lo que has comido, cuánto llevas sin comer, cuánto has dormido y tu actividad física. Si llevas el día con poca energía (café de pie, comida escasa), es lógico que a media tarde el cuerpo pida comida. Muchas veces el picoteo no empezó al abrir el armario, sino horas antes.
¿El picoteo es falta de fuerza de voluntad?
No necesariamente. Muchas veces intentamos resolver desde la voluntad algo que es fisiología. Cuando llevas días durmiendo poco, comiendo de menos o sin recuperar, el cuerpo pide energía, y tener más hambre no significa tener menos voluntad. A menudo es tu cuerpo dándote información, no un fallo de disciplina.
¿Cómo influye dormir poco en el hambre?
Bastante. Dormir poco puede modificar las señales de hambre y saciedad, empeorar temporalmente la respuesta a la glucosa y aumentar la atracción por alimentos más energéticos y gratificantes. Además, cuando estás agotada tomas decisiones distintas: te mueves menos, cocinar cuesta más y tiendes a elegir opciones menos saludables. Un día no importa; el problema es cuando se vuelve la norma.
¿Qué hace que una comida sacie más?
Mantener una buena saciedad no consiste solo en evitar el azúcar. Importa que las comidas tengan suficiente energía e incluyan proteína, grasas, fibra y alimentos que te dejen razonablemente satisfecha. Comer mejor no debería ser un ejercicio permanente de contención: comidas demasiado pequeñas suelen acabar en más hambre horas después.
Si tengo hambre y me hincho, ¿debería comer menos?
Comer menos no es automáticamente comer mejor. Responder a cada aumento de peso, hinchazón o descontrol reduciendo aún más la comida puede crear un círculo poco productivo: menos energía, peor recuperación, más hambre y una relación más difícil con la comida. A veces hay que ajustar cantidades, pero muchas veces conviene mirar el conjunto (sueño, movimiento, músculo, digestión) en lugar de restringir más.