METABOLISMO · SALUD DE LA MUJER
«Como igual que siempre,
pero mi cuerpo ya no responde igual»
Hay una frase que escucho muchísimo en consulta: "Pero si yo como prácticamente igual que siempre." Y suele venir acompañada de algo más: "Antes podía cenar esto y no me pasaba nada", "ahora engordo con mirarlo", "todo me hincha", "tengo menos energía" o "no entiendo qué ha cambiado si no estoy comiendo peor".
Y probablemente sea verdad. Quizá no has cambiado tanto tu alimentación. La que ha cambiado eres tú.
No en el sentido dramático de que a partir de los cuarenta tengamos que resignarnos a vivir hinchadas, cansadas y alimentándonos de merluza con calabacín. Sino porque nuestro organismo no es una estructura fija. Cambian nuestras hormonas, nuestra masa muscular, el sueño, el nivel de actividad, la sensibilidad a la insulina, el tránsito intestinal, el estrés que acumulamos y hasta la forma en la que nuestro cuerpo utiliza la energía.
Por eso hacer exactamente lo mismo que hacías hace diez o quince años no tiene por qué producir exactamente el mismo resultado.
Tu metabolismo no se ha roto
Cuando empezamos a notar estos cambios es muy tentador decir que "el metabolismo se ha ralentizado". Pero el metabolismo es bastante más complejo que una especie de caldera que, con los años, decide ponerse a trabajar a media jornada.
Metabolismo es todo el conjunto de procesos mediante los cuales tu organismo obtiene, transforma, almacena y utiliza energía. Y en esa ecuación participan muchos tejidos y muchas señales. Uno especialmente importante es el músculo.
El músculo no sirve únicamente para tener fuerza o conseguir unas piernas estupendas. Es un tejido metabólicamente activo, participa en la utilización de glucosa y tiene un papel importantísimo en nuestra salud metabólica.
Si con los años vamos perdiendo masa muscular y, además, nos movemos menos, dormimos peor y acumulamos más horas sentadas, el contexto metabólico cambia aunque nuestro plato sea aparentemente el mismo. Y aquí la solución no suele ser comer cada vez menos. De hecho, pasar años intentando compensar cualquier cambio corporal mediante restricción puede llevarnos precisamente a descuidar algo que necesitamos proteger: nuestra masa muscular.
Las hormonas también cambian las reglas del juego
Esto se hace especialmente evidente durante la perimenopausia. Los estrógenos y la progesterona no participan únicamente en la menstruación. Sus fluctuaciones tienen efectos en diferentes tejidos y sistemas, y durante esta etapa pueden coincidir cambios en la distribución de la grasa corporal, el sueño, la sensibilidad a la insulina, el apetito, la temperatura corporal, el tránsito intestinal o la percepción de determinados síntomas.
Eso no significa que "las hormonas engorden" ni que todo lo que ocurre a partir de cierta edad sea culpa de los estrógenos. Significa que el contexto fisiológico ha cambiado.
Y si a esos cambios añadimos noches peores, menos recuperación, menor actividad cotidiana, pérdida progresiva de músculo y una vida que, por algún misterioso motivo, a estas edades no suele caracterizarse precisamente por tener pocas responsabilidades, empezamos a entender por qué nuestro cuerpo puede responder de manera diferente.
Y también puede cambiar tu digestión
Quizá antes cenabas cualquier cosa a las diez de la noche y dormías perfectamente y ahora una cena abundante se queda contigo hasta el desayuno. O empiezas a notar más estreñimiento, más gases o un abdomen que aumenta mucho más a medida que avanza el día.
De nuevo, la conclusión inmediata suele ser: "Ahora me sientan mal más alimentos." Puede ser. Pero no es la única posibilidad.
La tolerancia digestiva depende también de la motilidad, el tránsito, la cantidad que comemos, la fermentación, la microbiota y la sensibilidad visceral. Y todos estos elementos están conectados, directa o indirectamente, con nuestro estado fisiológico general. Por eso quizá no necesitas encontrar otros cinco alimentos que eliminar. Puede que necesitemos conseguir que tu sistema vuelva a funcionar mejor.
Dormir mal también cambia bastante más que tu humor
Este es otro factor que solemos infravalorar. Después de una mala noche no solo estamos cansadas. También cambia nuestra regulación del apetito, nuestra respuesta metabólica y las decisiones que tomamos respecto a la comida. Tenemos menos ganas de movernos y normalmente buscamos alimentos más gratificantes y energéticos.
Si esto ocurre un día, no pasa absolutamente nada. Pero si llevamos meses durmiendo regular, entrenando menos, sintiéndonos cansadas y dependiendo del café para recordar nuestro propio nombre, el resultado acumulado puede ser importante.
Y entonces miramos nuestro cuerpo y pensamos: "No entiendo nada. Si como igual."
Precisamente. Quizá necesitamos dejar de mirar únicamente lo que comes.
No necesitas volver al cuerpo que tenías hace quince años
Creo que aquí también nos hemos equivocado bastante. Cuando nuestro cuerpo empieza a cambiar, muchas veces el objetivo se convierte en conseguir que vuelva a comportarse exactamente como antes. Y quizá deberíamos plantearnos algo diferente: construir el cuerpo que necesitamos para los próximos quince, veinte o treinta años.
Un cuerpo con músculo. Con buena capacidad metabólica. Que pueda gestionar bien la glucosa. Que tenga energía. Que digiera razonablemente bien. Que duerma. Que pueda correr, subir escaleras, levantar peso, viajar, bailar o hacer lo que nos dé la gana durante muchos años.
Eso requiere dejar de pensar exclusivamente en términos de peso y calorías y empezar a hablar de función.
Por eso Deshínchate no es solamente un curso sobre la tripa
El nombre puede llevarte a pensar que vamos a pasarnos el curso hablando de gases y deposiciones, aunque, aviso, hablaremos bastante de ambas, pero Método Deshínchate nace precisamente de entender que un cuerpo hinchado, cansado y que parece haber dejado de responder no se puede mirar por partes.
Vamos a trabajar digestión y microbiota, pero también inflamación, metabolismo, hormonas, cerebro y sistema nervioso, alimentación y movimiento. Porque muchas veces no existe una única causa ni necesitamos encontrar un alimento culpable: necesitamos entender cómo están funcionando juntas todas esas piezas.
Y después convertiremos todo ese conocimiento en El Plan Deshínchate, seis semanas para empezar a aplicarlo de manera práctica.
Porque si últimamente tienes la sensación de que haces lo mismo de siempre pero tu cuerpo ya no responde como siempre, quizá la solución no sea hacer todavía menos.
Quizá ha llegado el momento de entender qué necesita ahora.
EL CURSO · MÉTODO DESHÍNCHATE
Entiende qué necesita ahora tu cuerpo
Método Deshínchate no es solo un curso sobre la tripa. Nace de entender que un cuerpo hinchado, cansado y que parece haber dejado de responder no se puede mirar por partes. Trabajamos digestión y microbiota, pero también inflamación, metabolismo, hormonas, cerebro, sistema nervioso, alimentación y movimiento, y cómo funcionan todas esas piezas juntas. Todo ese conocimiento se convierte en El Plan Deshínchate: seis semanas para aplicarlo de forma práctica a tu propio cuerpo.
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Abre el 1 de octubre · precio de acceso anticipado solo hasta el 25 de septiembre.
Preguntas frecuentes
¿Por qué engordo o me hincho si como igual que siempre?
Porque tu cuerpo no es una estructura fija. Con los años pueden cambiar las hormonas, la masa muscular, el sueño, el nivel de actividad, la sensibilidad a la insulina, el tránsito y la forma en que usas la energía. Hacer exactamente lo mismo que hace diez o quince años no tiene por qué dar el mismo resultado, aunque tu plato sea parecido. No es que hagas nada "mal": ha cambiado tu contexto fisiológico.
¿Se me ha ralentizado el metabolismo con la edad?
El metabolismo no es una caldera que se apaga a media jornada. Es el conjunto de procesos con los que el cuerpo obtiene, transforma, almacena y usa energía, y en él participan muchos tejidos y señales. Uno clave es el músculo: si perdemos masa muscular, nos movemos menos, dormimos peor y pasamos más horas sentadas, el contexto metabólico cambia aunque comamos parecido. La solución rara vez es comer cada vez menos.
¿Las hormonas de la perimenopausia hacen engordar?
No es que "las hormonas engorden" ni que todo sea culpa de los estrógenos. En la perimenopausia, las fluctuaciones de estrógenos y progesterona pueden coincidir con cambios en la distribución de la grasa, el sueño, la sensibilidad a la insulina, el apetito o el tránsito. Es el contexto fisiológico el que cambia, y suele sumarse a peor descanso, menos actividad y pérdida de músculo.
Si me sienta peor la comida, ¿tengo que eliminar más alimentos?
No como primera opción. La tolerancia digestiva depende también de la motilidad, el tránsito, la cantidad, la fermentación, la microbiota y la sensibilidad visceral, todo conectado con tu estado fisiológico general. Por eso muchas veces no necesitas encontrar otros cinco alimentos que quitar, sino conseguir que tu sistema vuelva a funcionar mejor.
¿Cuánto influye dormir mal en el peso y el apetito?
Bastante más que en el humor. Tras una mala noche cambian la regulación del apetito, la respuesta metabólica y las decisiones sobre la comida: solemos movernos menos y buscar alimentos más gratificantes y energéticos. Un día no pasa nada, pero meses durmiendo mal, entrenando menos y tirando de café tienen un efecto acumulado importante.