DIGESTIÓN · SISTEMA NERVIOSO
Tener un imbécil cerca
también puede hincharte
Después de explicar en redes que el contacto continuado con un imbécil puede hacerte engordar, y que, en otras personas, el estrés puede provocar justo lo contrario, creo que ha llegado el momento de ampliar mi rigurosísimo estudio sobre las consecuencias fisiológicas de convivir con personas que nos sacan de nuestras casillas.
Porque resulta que un imbécil también puede hincharte. Y no me refiero solamente a que se te hinchen las narices, que también. Hablo de esa sensación de terminar el día con el abdomen mucho más distendido, notar que las comidas se quedan dando vueltas durante horas, tener más gases, peor tránsito intestinal o empezar a sospechar que, misteriosamente, te sientan mal todos los alimentos que hasta hace cuatro días comías sin problema.
Evidentemente, esto no significa que cada vez que nos hinchamos haya que mirar a nuestra pareja, nuestro jefe o nuestra suegra. La hinchazón puede tener muchas causas y, cuando es persistente o aparecen otros síntomas, merece ser estudiada. Pero hay algo que a veces olvidamos cuando hablamos de digestión: el intestino no vive aislado del resto de nuestra vida.
No digerimos únicamente con el intestino
La digestión está profundamente conectada con el sistema nervioso. Nuestro aparato digestivo cuenta con su propio sistema nervioso, el sistema nervioso entérico, y mantiene una comunicación constante con el cerebro a través de diferentes vías nerviosas, hormonales e inmunitarias.
Por eso todos hemos experimentado alguna vez cómo una emoción puede modificar la digestión. Hay quien antes de un examen necesita ir tres veces al baño, quien pierde completamente el hambre cuando recibe una mala noticia y quien siente que se le cierra el estómago durante una discusión. No es que el intestino sea especialmente dramático: es que está conectado con el resto del organismo.
El estrés forma parte de nuestra fisiología y no debemos convertirlo tampoco en el nuevo culpable universal. Tener una discusión, pasar una semana complicada o enfadarnos de vez en cuando no va a destrozarnos la microbiota. Nuestro organismo está preparado para responder a situaciones exigentes.
La cosa cambia cuando vivimos durante demasiado tiempo en un estado de alerta. Y aquí es donde nuestro querido imbécil puede empezar a colaborar.
No hace falta convivir con una situación extrema. Puede ser esa sensación constante de tener que medir lo que dices, anticipar el próximo conflicto, resolver siempre los mismos problemas o estar pendiente del humor de otra persona. Y tampoco tiene por qué ser una pareja: un ambiente laboral difícil, determinadas relaciones familiares o cualquier situación mantenida que nos obligue a permanecer continuamente en guardia puede suponer una carga para nuestro sistema nervioso.
¿Y por qué eso puede acabar notándose en el abdomen?
Porque el sistema nervioso participa en la regulación de prácticamente todo el proceso digestivo. Influye en la motilidad gastrointestinal, las secreciones, el tránsito y también en cómo percibimos las señales que llegan desde nuestro intestino.
Cuando esa regulación cambia, la respuesta digestiva también puede hacerlo. En algunas personas el tránsito se vuelve más lento y aparece estreñimiento; en otras aumenta la urgencia intestinal o las deposiciones se hacen más blandas. También podemos notar más pesadez, saciedad precoz, molestias abdominales o una sensación de hinchazón que antes no teníamos.
Y aquí hay un concepto especialmente interesante: la sensibilidad visceral.
La intensidad de la hinchazón que sentimos no depende exclusivamente de cuánto gas tengamos dentro del intestino. También importa cómo se mueve ese gas, cómo está nuestro tránsito, cuánto contenido intestinal acumulamos, cómo responde nuestra pared abdominal y cómo procesa el sistema nervioso las señales procedentes del aparato digestivo.
Esto significa que dos personas pueden experimentar de manera muy diferente un estímulo intestinal parecido. Cuando existe una mayor sensibilidad visceral, sensaciones digestivas que normalmente pasarían casi desapercibidas pueden percibirse con mucha más intensidad.
Y no, esto no significa que "esté todo en tu cabeza". El síntoma es completamente real. Lo que cambia es la forma en la que el organismo procesa esa información.
Estar hinchada tampoco significa necesariamente estar inflamada
Este es uno de los errores que más confusión genera. Si después de comer tenemos el abdomen distendido, rápidamente pensamos que algún alimento nos está "inflamando". Pero hinchazón e inflamación no son sinónimos.
Puedes sentirte muy hinchada porque existe más fermentación, porque estás estreñida, porque el gas no se desplaza adecuadamente, porque hay mayor sensibilidad visceral o incluso por cambios en la coordinación entre el diafragma y la musculatura abdominal. Y, por supuesto, también puede existir un problema digestivo que necesite ser estudiado.
El síntoma nos proporciona información, pero no nos da automáticamente el diagnóstico. El problema es que, cuando no entendemos esto, suele comenzar una especie de investigación criminal dentro de la nevera.
Primero interrogamos al gluten. Después detienen a los lácteos. Las legumbres caen poco después por asociación delictiva y, cuando aparece la palabra FODMAP en Google, la cebolla y el ajo pasan directamente a prisión preventiva.
Al final podemos terminar comiendo cada vez menos alimentos y seguir exactamente igual de hinchadas, porque quizá estábamos buscando toda la explicación exclusivamente en el plato.
Lo que comes importa. Pero cómo está funcionando tu cuerpo también
Evidentemente, la alimentación tiene muchísimo que ver con nuestros síntomas digestivos. Puede existir una intolerancia, celiaquía, estreñimiento, síndrome de intestino irritable, alteraciones de la motilidad u otros problemas que necesiten una estrategia concreta. No pretendo sustituir una evaluación digestiva por el consejo de "deja al imbécil y se te pasa la tripa", por mucho que como titular tuviera bastante futuro.
Lo interesante es comprender que la misma comida puede sentarnos de manera diferente en contextos diferentes. La cantidad, nuestro tránsito intestinal, el momento del ciclo, el descanso, la actividad física, la sensibilidad visceral y nuestro estado fisiológico pueden modificar cómo respondemos a ella.
Por eso una de las preguntas que deberíamos hacernos cuando aparecen síntomas digestivos no es únicamente "¿qué he comido?", sino también "¿qué estaba pasando en mi cuerpo cuando lo comí?". Y, ampliando un poquito más el foco, quizá también merezca la pena preguntarnos qué está pasando en nuestra vida.
Deshincharse no consiste en quitar alimentos hasta acertar
Esta es precisamente una de las ideas que me llevó a crear Método Deshínchate. Quería alejarme de esa visión en la que cada síntoma digestivo termina convirtiéndose en una nueva lista de prohibiciones.
La hinchazón es un síntoma, no un diagnóstico. Para comprenderla tenemos que mirar la digestión, pero también el metabolismo, las hormonas, la inflamación, el sistema nervioso, el descanso, la alimentación y el movimiento. Y, sobre todo, entender cómo se relacionan todas esas piezas.
Porque el objetivo no debería ser conseguir un abdomen completamente plano las veinticuatro horas ni descubrir veinte alimentos nuevos que no podemos comer. El objetivo es entender mejor nuestro cuerpo para tomar decisiones con más criterio y menos miedo.
Así que, si últimamente terminas cada tarde como un globo, antes de declarar la guerra al tomate, al gluten, a las lentejas y a media despensa, quizá convenga ampliar un poco la investigación.
A veces habrá que mirar lo que tienes en el plato. A veces habrá que mirar cómo está funcionando tu aparato digestivo.
Y otras veces, efectivamente, habrá que echar un vistazo a quién tienes sentado enfrente.
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Preguntas frecuentes
¿El estrés puede provocar hinchazón abdominal?
Sí puede influir. El sistema nervioso regula la motilidad, las secreciones, el tránsito y también cómo percibimos las señales del intestino. Un enfado puntual o una semana complicada no arruinan la digestión, pero vivir mucho tiempo en estado de alerta (por una relación, el trabajo o el entorno) puede alterar esa regulación y traducirse en más pesadez, gases, cambios de tránsito o sensación de hinchazón que antes no había.
¿Hinchazón e inflamación son lo mismo?
No. Puedes sentirte muy hinchada por más fermentación, estreñimiento, gas que no se desplaza bien, mayor sensibilidad visceral o cambios en la coordinación entre el diafragma y la musculatura abdominal, sin que eso signifique que un alimento te está "inflamando". La hinchazón es un síntoma que aporta información, pero no es un diagnóstico por sí mismo.
¿Qué es la sensibilidad visceral?
Es la forma en que el sistema nervioso procesa las señales que llegan del aparato digestivo. La intensidad de la hinchazón no depende solo de cuánto gas hay, sino de cómo se percibe. Por eso dos personas pueden vivir un estímulo intestinal parecido de manera muy distinta: con mayor sensibilidad visceral, sensaciones que normalmente pasarían desapercibidas se notan con mucha más intensidad. El síntoma es real, lo que cambia es cómo se procesa esa información.
¿Debería eliminar gluten, lácteos o FODMAP para dejar de hincharme?
No como primera medida ni por tu cuenta. Ir eliminando alimentos uno a uno suele acabar en una dieta cada vez más restrictiva y seguir igual de hinchada, porque muchas veces la explicación no está solo en el plato. La misma comida puede sentar distinto según la cantidad, el tránsito, el momento del ciclo, el descanso, el estrés o el estado fisiológico. Si hay síntomas persistentes, conviene una valoración digestiva en lugar de restringir a ciegas.
¿Cuándo debería consultar mi hinchazón con un profesional?
Cuando la hinchazón es persistente o se acompaña de otros síntomas (cambios importantes de tránsito, dolor, pérdida de peso, alteraciones que no entiendes), merece ser estudiada. Puede existir una intolerancia, celiaquía, síndrome de intestino irritable, alteraciones de la motilidad u otras causas que necesitan una estrategia concreta. Mirar el estilo de vida y el sistema nervioso no sustituye una evaluación digestiva cuando hace falta.