Durante años nos han vendido que el 1 de enero es una especie de portal mágico.
Que te acuestas siendo una mujer y te levantas convertida en “tu mejor versión”.
Que basta con proponérselo fuerte.
Y yo no lo veo así.
Y tampoco lo acompaño así en las mujeres a las que guío.
Para mí, los cambios reales no empiezan con fuegos artificiales.
Empiezan con algo mucho más silencioso y mucho más poderoso:
una decisión pequeña que se repite.
Por eso empezar el 29 de diciembre tiene todo el sentido del mundo.
Porque no nace desde la exigencia. Nace desde el cuidado.
Desde el “no espero a ser perfecta para tratarme bien”.
Desde el “no necesito una fecha simbólica para empezar a respetarme”.
Yo no creo en el cambio desde la culpa.
Creo en el cambio desde la constancia amable.
Desde aprender a sostenerte incluso cuando no estás en tu mejor momento.
No se trata de hacerlo todo perfecto. Se trata de no abandonarte a la primera dificultad.
Y eso… no tiene fecha en el calendario.
Tiene intención.
Tiene presencia.
Tiene compromiso contigo.
Por eso empezamos antes.
Porque cuidarte no puede depender de una resaca emocional.
Porque tu cuerpo no necesita promesas grandilocuentes, necesita coherencia.
Si este final de año lo estás viviendo cansada, sensible, con ganas de reset suave…
este espacio es para ti.
Sin presión.
Sin castigo.
Sin exigencias irreales.
Solo con constancia, amor y verdad.
Si sientes que este es tu momento, no por la fecha, sino por la decisión,